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La lectura como refugio

Los libros han cumplido un rol importante en mi vida. Aprendí a amar la lectura desde chica. Tanto mi abuelo paterno como el materno eran lectores voraces y solían regalarme libros. En general, eran las novelas que ellos disfrutaron de chicos. Quizá me hubiera gustado otro tipo de historias, algo más femenino, pero las leí y aprendí a disfrutarlas. A mi mamá también le encanta leer, pero es algo que yo descubrí cuando nosotros crecimos y ella tuvo tiempo para dedicarle a los libros.

Releí ciertos libros una y otra vez. Esas historias me terminaron pareciendo reales, así como ciertos personajes como Jo March de Mujercitas. Ella era mi heroína y quería ser como ella. ¡Qué digo, quería ser ella!  

Cuando mi primer novio cortó conmigo, yo tendría unos 17 o 18 años, encontré cierto consuelo en mis libros preferidos. Mujercitas, Una canción en la nieve, Cuatro chicas se juegan, y otras obras de la literatura juvenil. Con cada capítulo, me sentía más tranquila. Era mi refugio contra las decepciones de la vida.

A los veintipico, empecé a leer novelas victorianas en inglés de autores como Jane Austen, Thomas Hardy, las hermanas Brontë, Elizabeth Gaskell, entre otros. Mi vida amorosa era un desastre, elegia salir con tipos que no eran para mí. Al contrario de mí, las protagonistas de esas novelas terminaban casándose con su amor. Funcionaba muy bien en papel, pero lamentablemente no así en la vida real.            

Buscaba en la ficción lo que no tenia en mi vida. Por eso creo que me enamoré de personajes como Gabriel Oak de Lejos del mundanal ruido. Un tipo rudo, fuerte, de confianza, valiente y fiel. El hombre perfecto que solo existe en los libros. Heathcliff, de Cumbres borrascosas, es el típico chico malo a quien temen las madres. El capitán Wentworth, protagonista de Persuasión de Jane Austen, se ganó mi corazón por su perseverancia. Escribió la carta más romántica del mundo. Mi parte preferida dice así: “Me atraviesas el alma. Me debato entre la desesperación y la esperanza. No me digas que llegué demasiado tarde, que estos sentimientos tan preciosos desaparecieron por siempre ” (traducción propia).

Me sentía tan desdichada que quería evadirme de la realidad. Quería vivir en carne propia esas grandes historias. Como algunos de los personajes, extrañaba a alguien que no me quería. Su rechazo afecto mi autoestima. No sabia que hacer con mi vida. Me sentía a la deriva. Sin embargo, en esas novelas encontré cierta estructura. Son un microcosmos donde cada uno tiene un papel definido y su destino está decidido. Yo quería eso para mí.    

Con el tiempo maduré y superé ese estado de ánimo. Eso me ayudó a encontrar a mi propio Gabriel Oak. Como todo en la vida, no es perfecto, pero es perfecto para mí.

Lector, me casé con él.

Versión en inglés acá.

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