Permanencia en el cambio

-Cuando era chica, desde acá veíamos mi papá venir de la estación. En esa época no había edificios, había muchos baldíos, – una vez me contó la señora de Berruezo, que vivió desde siempre en esa misma esquina. La estación de tren está a unos seiscientos metros en línea recta. Me resultaba imposible imaginar el barrio sin edificios de departamentos, casas, negocios y el tránsito de locos.

Nos mudamos esa calle de la Zona Oeste del conurbano bonaerense en 1981. Yo tenía 8 años, mis hermanos, 6, 4, y 2. La calle se llama así en honor al Ingeniero Emilio Mitre, ingeniero y periodista ilustre, alguna vez director del diario La Nación. La calle corre de este a oeste, como las vías del tren. La primera línea de ferrocarril del país pasaba por acá. La primera estación fue construida en 1858. El hermoso edifico actual, de estilo victoriano tardío, es de 1906 y es monumento histórico nacional.

La historia de mi familia está fuertemente enraizada en esta calle. Mis abuelos maternos se mudaron a la altura del 100 a mediados de los años sesenta. Mi papá veía pasar a mi mamá camino al colegio, le encantaban las pecas y el pelo pelirrojo. Hasta que una vez reunió coraje para invitarla a salir y acá estoy, escribiendo esto décadas más tarde.

La calle cambia con las estaciones. Se despierta en primavera con las flores de jacarandá y el dulce perfume de jazmín del país. Un manto de ocres la cubre en otoño y huele a hojas quemadas. Todos los domingos del año huele al humo de los asados que se preparan en los jardines y patios traseros.

No solo la naturaleza muta constantemente. Hay vecinos nuevos, algunos se van a otros barrios o al más allá. Se construyen casas nuevas, se renuevan casas viejas. Una vez, se juntaron las señoras de la cuadra para hacer una colecta y erigir un altarcito a la Virgen. Varios negocios abrieron y cerraron en el local de la esquina. Espero que el que esté ahora dure mucho tiempo, una verdulería de una pareja joven venida de Bolivia.

Así como cuando éramos chicos caminábamos tres cuadras a lo de mis abuelos, mis sobrinas vienen a lo de mis padres. Ellos siguen viviendo en esta calle. Mi marido y yo nos mudaremos algún día a la casa que compramos en la cuadra del 200. Él dice que deberíamos rebautizar la calle con nuestro apellido.

Esta calle es el pasado, el presente y el futuro de mi familia. Creo que deberíamos cambiarle el nombre.

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Cliquea acá para leer la versión en inglés. 

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